
De Petrosian a Carlsen.
Seguramente podemos discutir respecto de la belleza y de la estética.
Umberto Eco dice en el Nombre de la Rosa: “(…) de tres cosas depende la belleza: en primer lugar, de la integridad o perfección, y por eso consideramos feo lo que está incompleto; luego, de la justa proporción, o sea de la consonancia; por último, de la claridad y la luz, y, en efecto, decimos que son bellas las cosas de colores nítidos. Y como la contemplación de la belleza entraña la paz, y para nuestro apetito lo mismo es sosegarse en la paz, en el bien o en la belleza, me sentí invadido por una sensación muy placentera y pensé en lo agradable (…)”
Pero la belleza no es un concepto absoluto ni puede plantearse en términos atemporales. “Varía extraordinariamente en función de los tiempos, de las modas, de las épocas, de las culturas. A Tiziano le resultaría terrible asomarse a un cuadro de Picasso. Ni siquiera su ideal de mujer tiene que ver, por ejemplo, con el culto a la imagen que la sociedad actual puede concederle a Mónica Bellucci”. (Umberto Eco, Historia de la Belleza).
Varias veces he hablado del tema de la belleza y la estética en el ajedrez en la sección de Problemas y no quiero repetir conceptos.






